Asociación Civil Padre Alberto Hurtado
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Alberto Hurtado nació en Chile el 22 de enero de 1901 y gracias a una beca pudo hacer sus estudios en el colegio de los jesuitas en Santiago. Al terminar la secundaria quiso ser jesuita, pero le aconsejaron de aplazar esa decisión para ocuparse de su madre, viuda, y de su hermano menor.

Mantuvo a su familia trabajando por la tarde y por la noche, al mismo tiempo que asistía a clases en la facultad de derecho. Se doctoró en agosto de 1923 y el 14 de ese mismo mes entró en el noviciado de la Compañía de Jesús. Sus estudios de filosofía y teología los hizo en Europa donde fue ordenado sacerdote en 1933 y luego obtuvo el doctorado en pedagogía.

Volvió a Chile en 1936. En Santiago enseñó religión en el Colegio San Ignacio y pedagogía en la Universidad Católica. Encargado de la Congregación Mariana de los alumnos, impulsó a los muchachos a que dieran catequesis a los pobres. Además dirigió numerosas tandas de ejercicios espirituales. Fue director espiritual de jóvenes, a muchos de los cuales les ayudó a responder a su vocación sacerdotal.

En 1941 lo encargaron de los jóvenes de Acción Católica, primero a nivel arquidiocesano y luego a nivel nacional. Desempeñó este cargo hasta 1944.

En octubre de ese mismo año, mientras dirigía una tanda de ejercicios espirituales, invitó a los participantes a ayudar a los pobres de la ciudad. Con su colaboración inició el "Hogar de Cristo" que se hizo y permanece en la actualidad.

Se trataba de dar alojamiento a los que no tenían casa y brindarles un ambiente de familia, lo cual se pudo realizar gracias a donativos y a la colaboración de laicos comprometidos.

Primero se abrió una casa para jóvenes, luego para mujeres y por último para niños. Estas casas se fueron multiplicando y asumieron diferentes roles: en algunos casos se convirtieron en centros de rehabilitación, en otros fueron escuelas de artesanos. El P. Hurtado dedicó los últimos seis años de su vida al establecimiento y desarrollo de las casas de acogida, "Hogar de Cristo".

El P. Hurtado fue también escritor. En 1941 publicó el libro ¿Es Chile un país católico?. Más adelante escribió tres obras importantes: sobre los sindicatos, sobre el humanismo social y sobre el orden social cristiano. En 1951 fundó la revista Mensaje dedicada a divulgar la doctrina de la Iglesia.

Fue un hombre de gran actividad pero al mismo tiempo de intensa oración como él mismo reveló en sus escritos: "La misa es el centro de toda mi jornada y de toda mi vida. La misa es mi vida, y mi vida es una misa prolongada". Pasaba muchas horas ante el sagrario en adoración silenciosa.

Un reflejo de su unión con Dios y de su plena adhesión a su Voluntad es su repetida expresión ante todos los acontecimientos agradables y desagradables, como su propia dolorosa y prolongada enfermedad: "¡Contento, Señor, contento!"

Las siguientes páginas fueron extractadas del libro Mensajes del Padre Alberto Hurtado, (tomados de sus publicaciones) escrito por Benito Spoletini, Editorial San Pablo, Chile, 5a. edición en 1995.

AUSENCIA DE DIOS

Muchas definiciones se pueden hacer de nuestra época edad del maquinismo, del relativismo, del confort... Mejor se diría una sociedad de la que Dios está ausente. Esta despreocupación de Dios no está localizada en un país, es una ausencia universal. Es un hecho y una determinación sistemática. Dios está ausente, expulsado del corazón mismo de la vida. La sociedad se ha cerrado en este rechazo de Dios y su ausencia la hace morir. El pecado del mundo actual es, como en tiempos antiguos, la idolatría, ¡la idolatría del hombre!

Los grandes ídolos de nuestro tiempo son el dinero, la salud, el placer, la comodidad: lo que sirve al hombre. Y si pensamos en Dios siempre hacemos de él un medio al servicio del hombre: le pedimos cuentas, juzgamos sus actos, nos quejamos cuando no satisface nuestros caprichos.

A veces Dios es un cómodo vecino a quien se puede pedir ayuda en apuros o en caso de necesidad. Cuando no se puede salir del paso se reza, esto es, se pide al bondadoso vecino que lo saque del peligro, pero se volverá a olvidar de él cuando todo salga bien.

El criterio de la eficacia, el rendimiento, la utilidad, funda los juicios de valor. No se comprende el acto gratuito, desinteresado, del que nada hay que esperar económicamente.

Mucho menos se entiende el valor del sacrificio, el profundo sentido del fracaso, como la Redención que fue un fracaso humano.

Hasta los cristianos a fuerza de respirar esta atmósfera, estamos impregnados del materialismo práctico: confesamos a Dios con los labios pero nuestra vida está lejos de él.

NOS HICISTE PARA TI

Cuando Dios ha sido hallado, el espíritu comprende que lo único grande que existe es él.

Oración al padre Hurtado

Padre Alberto Hurtado,
Apóstol de Jesucristo,
servidor de los pobres,
amigo de los niños
y maestro de juventudes,
bendecimos a nuestro Dios
por tu paso entre nosotros.

Tú supiste amar y servir.
Tú fuiste profeta de la justicia
y refugio de los más desamparados.
Tú construiste con amor
un hogar para acoger a Cristo.
Como un verdadero padre
tú fuiste profeta de la justicia
y refugio de los más desamparados.
Tú construiste con amor
un hogar para acoger a Cristo.
Como un verdadero padre
tú nos llamas a vivir la fe
comprometida, consecuente y solidaria.

Tú nos guías con entusiasmo
en el seguimiento del maestro.
Tú nos conduces al Salvador
que nuestro mundo necesita.

Haznos vivir siempre contentos
aún en medio de las dificultades.
Haz que sepamos vencer el egoísmo
y entregar nuestra vida a los hermanos.

Padre Hurtado,
hijo de María y de la Iglesia,
amigo de Dios y de los hombres,
ruega por todos nosotros. Amén.